martes, 13 de marzo de 2012


La primera vez (Parte I)

Amelia y Dante se conocieron hace 18 años. Exactamente, el 5 de febrero de 1994. Sobre la Plaza San Martín, en el barrio porteño de Retiro, la sensación térmica marcaba 36 grados de temperatura a las 13.42.

Ese día, en el mercado central de Sarajevo, un ataque serbio dejó un saldo de 79 civiles muertos y 197 heridos, mientras que en Burundi, el hutu Cyprien Ntaryamira fue elegido nuevo presidente. Poco le importaba a Dante, que intentaba acomodarse en los pocos metros cuadrados de sombra que había en la plaza, bajo el Monumento al General San Martín y a los Ejércitos de la Independencia, el primer monumento ecuestre de la Argentina (inaugurado el 13 de julio de 1862), obra del escultor francés Louis Joseph Daumas.

El calor se hacía odiar. Ese día, los oídos le habrán estallado de tanto que hablaron de su madre, su hermana, toda su familia. Una de las zonas de Buenos Aires por donde más turistas caminan, dada la cercanía de la calle Florida. Y, en pleno verano, esa tarde no era la excepción. Se escuchaba hablar alemán, inglés, italiano, francés y portugués. Europeos que escapaban del frío de sus países y, por otra parte, brasileros, chilenos, colombianos y mexicanos.

Dante amaba los idiomas extranjeros, quizás por la nostalgia que le producía recordar a su Italia natal y las visitas a los países vecinos que realizó junto a sus padres en su infancia, antes de trasladarse a Sudamérica. Asimismo, en varias oportunidades viajó al Viejo Continente cuando ya era mayor.

Estaba por cumplir 39 años. Se tomó un rato libre en su trabajo y se sentó “a ver aquellas almas pasar”, como siempre decía. A pocas personas se les ocurriría ir a la plaza con ese calor, por lo que aprovechó la tranquilidad. El sol le daba de frente. Si no se hacía “visera” con las manos, corría el riesgo de quedar ciego. No veía nada, ni a dos metros.

Las gotas de sudor comenzaban a bajarle por la frente, pero el cansancio no lo dejaba reaccionar. Imprevistamente, un cuerpo femenino, a trasluz, parecía ir en dirección suya. Dante creía estar enloqueciendo. Pestañó con fuerza, pero la imagen seguía allí, era cada vez más grande y se acercaba cada vez más. Pensó: No la reconozco, pero claramente no es mi mujer. Pero viene hacía mí, o eso creo. ¿La conozco? No me digas que es Antonella, no la quiero ni ver. No, no es ella. ¿Quién es? ¿Por qué estoy pensando todo esto? Si viene a mí, bien; sino también. Tranquilo… Los separaban unos diez pasos, unos cinco segundos.

¡Cambió de dirección! Efectivamente, la dama desvió su camino y apoyó su humanidad en las escalinatas del monumento, a la búsqueda de respirar un poco. Dante respiró aliviado. En pocos minutos debía volver a trabajar.

La miró de reojo. Morocha, alta, flaca, muy flaca. Vestía una camisa blanca, una pollera negra por debajo de las rodillas y zapatos negros. El pelo bien largo, suelto. Pero, instantáneamente, se lo ató. Llegó a percibir una hermosa sonrisa en su rostro. ¿En qué estará pensando...?, se preguntó. Seguro que en su novio, al que vio anoche…

Bueno, momento de partir. Con muy pocas ganas, pero había que hacerlo, el deber llamaba. Se paró y se le cayeron las llaves al piso. Ella reaccionó al ruido, hizo el gesto de levantarlas, pero Dante se le adelantó. Igualmente, le agradeció la intención.

Y se fue.

martes, 6 de marzo de 2012

La primera conversación.


Buenos Aires. Martes 6 de marzo. Doce de la noche.
Dante Milano y Amelia Becker comparten la sobremesa luego de haber saboreado la primera pizza en semanas.
Ella prende un cigarrillo. Él se relaja contra la pared y se toca la cara.

Dante Milano:- Me tengo que afeitar. Nada me da más fiaca que afeitarme.
Amelia Becker: - No sé, no me fijo en eso.
D.M: - Si, ¡mira! Terrible. Normalmente me afeito una vez por semana. El día va variando, según las ganas que tenga. Esta semana… nada. A más tardar mañana me afeito.
A.B: - (entre risas) y afeitáte!
D.M: - ¡Es que lo odio! es decir, me toma cinco minutos, no es mucho, pero ..
A.B: - Yo odio depilarme, y puedo apostar a que me toma mucho más que cinco minutos.
D.M: - Y si… 
A.B: - Tengo dos piernas... vos solo una cara.
D.M: - Y mi cara es mas chica que tus piernas.
A.B: - Mmmh, no sé. Tus cachetes son grandes, ¿a ver?

(Risas, luego, unos segundos de silencio)

A.B: - No entiendo porque las mujeres tenemos que depilarnos. Es decir, si. Lo entiendo. Cuando veo a una chica en el subte con pelos en las piernas me da asco, pero yo porque estoy adaptada socialmente.
D.M: - Si, bueno. Es una cuestión histórica. 

(Silencio nuevamente. Ambos piensan)

D.M: -¿En qué momento de la historia alguien habrá decidido que la mujer debe depilarse y el hombre no?
A.B: - Alguna vez alguna mujer se habrá lastimado y para poder curarla… No sé. Le rasuraron el tobillo, por ejemplo y...
D.M: - No sé, no sé, callate. (Risas). Hay algunos países donde las mujeres no se depilan.
A.B: - Pero no es tooooooodo un país. En esos casos siempre hay alguna que sale con las piernas depiladas.
D.M: - Si, es verdad.
A.B: - ¡Eso! ¡Ahí esta! ojo, los hombres también se depilan ahora.
D.M: - Si.
A.B: - Eso también me da asco.
D.M: - ¡A vos te da asco todo!
A.B: - Bueno, pero ¡imaginate! ¡Se depilan el pecho! ¡No! ¡Se lo afeitan! ¡Y después les crece todo duro y pinchudo! ¡Horrible!
D.M: - No me digas, te da asco lo pinchudo.
A.B: - Bueno, asco no, me molesta... (Silencio) bueno, sí. Me da asco. 
D.M: - Entonces, ¿Te das cuenta?
A.B: - ¿De qué?
D.M: - Hoy en día si los hombres hacen cosas de mujeres no está mal visto.. cosas como, depilarse o maquillarse.
A.B: - A mi me da asco.
D.M: - Bueno, pero no está mal visto.
A.B: - Si, es verdad.

(Silencio. Ambos piensan nuevamente)

D.M: - Estoy pensando en si hay algo que si el hombre no hace es condenado socialmente. Como la mujer y la depilación. No se me ocurre nada.
A.B: - Claro porque un hombre peludo está bien. O sea, no está mal (risas). Es decir, cuando una describe al hombre más feo del mundo, se lo imagina peludo, con la nariz chata... Como un neandertal, ¿viste?
D.M: - Si, (risas) como un mono, el eslabón perdido.
A.B: - Claro, pero no está condenado por ser peludo. Ni tampoco por depilarse.
D.M: -Bueno pero es una cuestión de gustos también. Atraen más las mujeres con tetas grandes, pero no están condenadas las que no tienen.
A.B: -Si, claro, eso ya es cuestión de gustos no tiene nada que ver...

(Silencio nuevamente)

A.B: - ¡TIENE que haber algo! Si no, ¡mato a todos los hombres! ¡Es totalmente injusto! La mujer tiene que hacer algo porque sino la condenan, pero ¿al hombre nunca lo condenan por nada? ¡Ah no!
D.M: - Si, algo tiene que haber. Pensemos al revés, que hacen los hombres todos los días .. a diferencia de las mujeres. Se afeitan…
A.B: - (interrumpe) Si, se afeitan, se bañan, se visten ..
D.M: - (cara de nada) Bueno, eso lo hacen también las mujeres.
A.B: - Bueno, ¡algunas no!

(Risas)

D.M: -Se cortan el pelo… ¡Ahí está! ¡El pelo largo en los hombres!
A.B: -Bueno, pero el pelo largo no está mal visto, muchos lo usan así.

(Amelia hace cara de asco mientras que Dante ríe)

D.M: -Tiene que ser algo que solo hacen los hombres y que si no lo hacen están condenados. No hay. ¡No se me ocurre! (se agarra la cabeza)
A.B: -¿No ves? ¡No hay nada! Es una mierda… Los hombres son cada vez más parecidos a las mujeres. ¡Pará! ¡El hombre hace cosas de mujeres, porque no tiene nada para hacer! ¡Vuelve a ser injusto! La mujer tiene mil cosas, ¿y el hombre? ¿El hombre que? (enojadísima)
D.M: -Claro, el hombre se afeita el cuerpo, usa pelo largo...
A.B: -Usa pollera.
D.M: -Si.
A.B: -Igual, si el hombre usa pollera es porque o está loco, o es travesti…
D.M: - … o es escoses. (Sonríe)
A.B: - … o está en una fiesta de disfraces.
D.M: -Bueno, ahí tenés un ejemplo, un hombre que se viste con ropa de mujer, es condenado socialmente, salvo por las cosas que dijimos recién, loco, travesti... etcétera.
A.B: -Bueno, al fin y al cabo es lo mismo. Una mujer que no se depila, también puede estar loca. Es más, lo está. Si no te depilas, estás loca.

(Risas)

D.M: -Igual, a los travestis también se los condena.
A.B: -¡No tanto! Ahora andan de la mano por la calle.
D.M: -Bueno pero no les dan trabajo, a menos que se prostituyan.
A.B: -Si, es verdad.
D.M: -Claro, nadie va a salir a fusilar travestis.
A.B: -Bueeeeeno, ¡A las mujeres que no están depiladas tampoco las van a fusilar!

(Risas)

A.B: -A las “no depiladas” tampoco les dan trabajo, ahora que lo pienso. Claro, a menos que tengan un pantalón puesto, pero los travestis también pueden ponerse un pantalón, vestirse de hombre, bah.

(Risas nuevamente)

A.B: -Desde que te mudaste acá, sacamos un tema por noche.
D.M: -Si, deberíamos escribir un libro y que lo edite Ediciones Frutilla

(Risas)

A.B: - ¡No! Mejor, ¡Hagamos un blog!
D.M: -Hagámoslo ya.
A.B: -¿Que nombre le ponemos?
D.M: -Bueno, algo como debates nocturnos o algo así... pensemos.

(Ambos piensan)
(Dante se levanta y va al baño. Amelia se prende un cigarrillo)

D.M: -¿Que significa la palabra linaje?
A.B: -¿Linaje?
D.M: -Si.
A.B: -Familia... descendencia, esas cosas. ¿Porque?
D.M: -Porque es una palabra que me gusta, y no estoy seguro de que significa.
A.B: -¿Y qué tiene que ver? ¡A mí me gusta bucle! (Amelia pone cara de “¡qué tontería!”)
D.M: -Listo... buclinaje nocturno.

…………………………….......
(Una hora después)
D.M: -¿Me afeito hoy o mañana?